El debate sobre si los escritores nacen o se hacen es un clásico dentro del mundo literario. Históricamente, grandes autores han expresado posturas divididas. Algunos se inclinan hacia el talento natural o innato. Los defensores de esta idea parecen sostener la teoría del “don”, es decir, la virtud otorgada por una voluntad divina o por una fuerza natural. Otros, en cambio, hacen hincapié en que el escritor se hace a fuerza de trabajo, lecturas y formación. Dicho de otra forma, estos últimos defienden la postura de que se trata de un oficio que se construye con disciplina, construcción de mirada crítica y mucha lectura (ajena y propia).
Escritor se nace
Entre los autores que defienden que la primera de las teorías podría destacarse a Jack Kerouac. El autor de En el camino, en un artículo publicado en Writer’s Digest afirma que: “aunque cualquiera puede aprender a escribir, los genios de la escritura como Melville, Whitman o Thoreau nacen, no se hacen”, refiriéndose a la capacidad innata de originar algo totalmente nuevo. Jorge Luis Borges, uno de los autores más importantes de la literatura mundial, solía reflexionar que el escritor nacía con una mirada propia e intransferible sobre el mundo. Además, sostenía que el autor estaba dotado de una sensibilidad especial para percibirlo y que contaba con una suerte de plus: la necesidad vital de expresarse mediante la palabra. De algún modo, Julio Cortázar, aunque practicaba la reescritura constante, describía la llegada de la inspiración y la creación literaria como una fuerza controladora y casi mística que dictaba sus textos, sugiriendo un impulso natural y arrollador.
Los escritores se hacen
De la vereda de enfrente existen posturas igualmente fuertes, como la de Stephen King, quien sostiene que «los escritores se hacen» y que el talento es una «mercancía barata» frente a la voluntad y el trabajo diario. El prolífico autor, que está vinculado con el terror, afirmó en más de una entrevista: «El talento es más barato que la sal de mesa. Lo que separa al individuo talentoso del exitoso es un montón de trabajo duro.»
Charles Baudelaire consideraba que un escritor no nace por arte de magia; se hace mediante una alimentación regular, un trabajo diario y constante, y el rechazo a la inspiración milagrosa o espontánea. Creía que el éxito es el resultado acumulado de pequeños esfuerzos y que la inspiración es hermana del esfuerzo cotidiano. Por su parte, Gabriel García Márquez afirmaba que “La inspiración es una palabra desacreditada. El oficio de escribir es un trabajo de todos los días, como el de un carpintero.”
En la misma dirección de García Márquez va la autora chilena Isabel Allende: “La inspiración nace del trabajo diario. No puedes esperar a que te llegue la musa sentado en un sofá.”
Hemingway (Ernest) era un convencido de que el escritor necesita mucho trabajo y disciplina: “El anotador y los lápices son los únicos utensilios necesarios. El resto es trabajo duro y disciplina.” Octavia Butler planteaba que la inspiración no era de confiar: “Olvidate de la inspiración. El hábito es más confiable. El hábito te sostendrá tanto si estás inspirado como si no”. Con algo de ironía,Somerset Maugham sostiene: “Escribo solo cuando llega la inspiración. Por fortuna, me visita cada mañana a las nueve en punto.”
Lo cierto es que tanto Kerouac como Cortázar sostienen que existe un camino de trabajo que va colaborando a la formación del oficio del escritor. El primero afirmaba que cualquiera puede escribir, mientras que el autor de Rayuela era un gran trabajador de textos. Una anécdota que da cuenta de la importancia de la construcción del oficio del escritor es que todo lo que escribió Cortázar hasta los 33 años terminó ardiendo en el fuego, ya que para su óptica no estaba en condiciones de ser compartido con el público. Quizá podríamos ver esa determinación como una suerte de confirmación de que el quehacer de la escritura demanda mucho trabajo hasta conseguir el resultado deseado.
Mi postura la desarrollaré en otro posteo, pero creo que queda claro: como coach literario y responsable de Apalabrarte (clínica de arte), soy un defensor del trabajo, de la lectura y de la construcción de la mirada crítica…

Borges, Kerouac y Cortázar vs. Hemingway, García Márquez, King y Allende
Deja una respuesta