La lengua tiene una alquimia que permite, al romper las fórmulas convencionales, hacer hechizos solo imaginables para aquellos que se animen al desafío. Estos magos-alquimistas en este caso no son otros que escritores o escritoras. Y ese encantamiento no es otro que la metáfora.


Las palabras son mucho más que simples vehículos; ellas portan significados, aunque cada quien puede otorgarles diferentes matices y resignificaciones. Podría decirse, casi apelando a una mirada más psicoanalítica, que las palabras y sus mágicas uniones se convierten en puentes que cruzan el abismo entre lo que sentimos y lo que apenas podemos nombrar.

La metáfora como revolución: El puente secreto entre el escritor y el lector

Pero la escritura no sólo demanda al escritor-hechicero, sino que también requiere de la existencia y de la acción y/o complicidad de un otro: el lector, ya que exige un trabajo (a la hora de la lectura) de reinterpretación de lo dicho. Es así que, para que la metáfora funcione, requiere de la participación activa de su público. Esto, de algún modo, convierte al lector/a en un cocreador artístico.

A mi entender, la metáfora es una de las herramientas más revolucionarias de la literatura. Ellas no sólo vienen a romper la lógica, a decir distinto; sino que rompen con la pasividad del público/lector. La metáfora empodera al lector, lo equipara con el artista. Ella invita a repensar la realidad, convirtiéndose en una puerta de acceso a nuevos e increíbles pensamientos. La metáfora rompe lo establecido, lo acordado socialmente, para crear una nueva realidad, un nuevo acuerdo que nos obliga a todos, de algún modo, a transformarnos.

Los tres niveles de la metáfora


Para poder entender de qué se tratan estos tres niveles, tomaremos una metáfora a modo de ejemplo:

«Esas dos esmeraldas que tenía como ojos brillaban en su rostro».

Según los especialistas, la metáfora consta de tres niveles: el tenor, que es aquello a lo que la metáfora se refiere en forma literal («ojos»); el vehículo, que es el término figurado o lo que se quiere decir («esmeraldas») y el fundamento, que es el discurso o la relación existente entre el tenor y el vehículo (en este caso, el color verde que comparten los ojos y las esmeraldas y que no está nombrado en la metáfora, sino que va implícito).

Ejemplos de metáforas

• «Los lazos de su rostro»
Tenor: 
Los ojos
Vehículo: Los lazos
Fundamento: El brillo o la belleza

• «El tiempo es oro»
Tenor: 
El tiempo
Vehículo: El oro / dinero
Fundamento: El gran valor y su escasez

• “Su cabello de plata»
Tenor: 
Las canas / pelo blanco
Vehículo: La plata
Fundamento: El color blanco brillante y grisáceo

Según algunos especialistas, la metáfora es la herramienta más noble que tienen los artesanos de la escritura. Ésta lejos de ser un simple elemento decorativo; para el texto se convierte en un recurso capaz de “hackear” la realidad o, por qué no, volver a crearla, vale decir, “recrearla”.

La metáfora pone en movimiento un poderoso mecanismo de transustanciación verbal, que permite que una cosa deje de ser sí misma para cargarse el peso de otra.

Los diferentes tipos de metáforas, según su estructura

Para entender bien el uso de esta herramienta, es preciso poner la lupa sobre ella. Esto nos permitirá analizar los cinco tipos de metáforas que existen y de las que podemos hacer uso. Desde Apalabrarte busco desnaturalizar el proceso creativo, ya que al hacerlo se pueden analizar y comprender todas las aristas que este nos ofrece. Para luego poder replicarlo, enriquecerlo, modificarlo o corregirlo.

En esta oportunidad analizaremos cómo los grandes maestros de la literatura utilizaron los distintos tipos de metáforas y veamos cómo muta una misma idea —el clásico y dorado cabello— bajo cada estructura.

1. Metáfora impura o estructural

La metáfora impura, también conocida como estructural, es la forma más directa y noble. El elemento real (A) y el imaginario (B) aparecen conectados por el verbo ser. Aquí no existen grandes misterios, ya que el lazo para vincular dos ideas que parecen distintas da forma a una nueva y potente idea. El término real está representado por el objeto o persona de la que se habla, mientras que el término imaginario es la imagen figurada con la que se compara.

Podría simplificarse este tipo de metáfora en la siguiente fórmula: “A es B”.

Ejemplos famosos:

  • Federico García Lorca: «La poesía es el imposible hecho posible.»
  • Jorge Luis Borges: «El tiempo es la sustancia de que estoy hecho.»
  • Julio Cortázar: «Las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma.»

El laboratorio del cabello: “Tus cabellos son hilos de oro que el sol teje por las mañanas.” (Se enuncian explícitamente tanto el cabello como el oro).

2. Metáfora pura

Una metáfora pura es una figura retórica en la que se sustituye un término real por otro irreal. El elemento que originó el recurso, que podríamos llamar A, se disuelve por completo (no es mencionado, pero está implícito). Queda oculto detrás de la cortina del lenguaje. Este tipo de metáfora demanda un tipo de lector mucho más activo, que debe hacer uso de su intuición para reconstruir el referente escondido.

Este tipo de figura retórica podría simplificarse con la siguiente fórmula: “solo B”.

Ejemplos famosos:

  • Federico García Lorca: «Su luna de pergamino / Preciosa tocando viene» (La luna de pergamino es un panderete).
  • Miguel Hernández: «Por tu pie, blancor de nieve» (La nieve reemplaza a la piel o la blancura del pie).
  • Pablo Neruda: «Las redes de música de tu cabellera» (La música o las redes operan sin nombrar las ondas físicas directas).

El laboratorio del cabello: “El viento dejó destello de oro sobre tus hombros.” (Se elimina la palabra «cabello»; el oro evoca directamente ese color y textura en la anatomía).

3. Metáfora aposicional

La aposicional es un tipo de metáfora en la que aparecen el término real y el imaginario separados por una coma o entre comas. Sin dudas, se trata de una hermosa yuxtaposición donde el término imaginario aparece entre comas. Ésta se convierte en una suerte de caricia poética aclaratoria que interrumpe la frase para resignificar al sujeto.

Esta forma de la metáfora podría graficarse en esta fórmula: “A, B,/.”.

Ejemplos famosos:

  • Antonio Machado: «Tu boca, clavel temprano.»
  • Octavio Paz: «Tus ojos, patria del relámpago.»
  • Alejandra Pizarnik: «La infancia, un jardín de agujas.»

El laboratorio del cabello: “Tu cabellera, cascada de oro, ilumina mi noche.” (El elemento figurado funciona como una aposición explicativa y poética).

Machado, Pizarnik, Octavio Paz

La metáfora como revolución: El puente secreto entre el escritor y el lector

4. Metáfora de complemento preposicional

La metáfora de complemento preposicional hace que los elementos se fundan a través de una preposición. Es decir, aquí los términos real e irreal aparecen unidos por la preposición ‘de’. Ojo, aquí no existe un orden específico, ya que ambos conceptos pueden cambiar sus ubicaciones, sin que esto afecte a la metáfora en sí. Esta es, según los especialistas, una de las estructuras más musicales y plásticas de nuestra lengua.

Podría simplificarse este tipo de metáfora en la siguiente fórmula: “A de B o B de A”.

Ejemplos famosos:

  • Gustavo Adolfo Bécquer: «El carmín de tus labios.»
  • Pablo Neruda: «Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos.»
  • César Vallejo: «Los heraldos negros que nos manda la Muerte.»

El laboratorio del cabello: “Me perdí en el oleaje de oro que caía por tu espalda.” o “codicié tu dorada cabellera, quise ser rico”. (Fusión directa mediante la preposición que amalgama el movimiento y el color).

5. Metáfora negativa

A mi entender, es uno de los ejercicios metafóricos donde el autor impone la nueva realidad, negando la anterior. Es decir, una metáfora negativa es un tipo de metáfora en la que el término real o el imaginario aparecen con una negación. Esta se trata de una declaración de principios, en muchos casos (no me animo a sentenciarlo). El autor niega la realidad literal para forzar al lector a habitar únicamente la dimensión lírica e imaginaria.

Este tipo de figura retórica podría simplificarse con la siguiente fórmula: (No A, sino B)

  • Juan Ramón Jiménez: «No era el viento, era el suspiro del bosque.»
  • Federico García Lorca: «No es el infierno, es la calle de Nueva York.»
  • Oliverio Girondo: «No era una mujer, era una ráfaga de luz que pasaba.»

El laboratorio del cabello: “Lo que cubre tu frente no es cabello, sino un manto de oro puro.” (La negación destruye el sentido común para imponer la verdad poética).

García Lorca, Girondo, Ramón Jiménez 

La metáfora como revolución: El puente secreto entre el escritor y el lector

PÁRRAFO APARTE

Esta célebre frase pertenece al ensayo «Nueva refutación del tiempo», escrito por el célebre escritor argentino Jorge Luis Borges.

El fragmento completo

«El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciadamente, soy Borges».

Significado

  • Identidad y destino: Borges plantea que no somos seres ajenos al paso de los años, sino que nosotros mismos somos el tiempo fluyendo, destruyéndonos y consumiéndonos.
  • La paradoja: Aunque sufrimos el carácter implacable y destructivo del tiempo (como el río, el tigre o el fuego), nuestra propia existencia está formada por esa misma fuerza indetenible.

Diferencia entre metáfora y símil

La metáfora y el símil o comparación son figuras retóricas que comparten la característica de producir asociaciones más o menos sutiles entre dos o más términos, conceptos o ideas. Pero ojo, estos recursos son bien distintos y existe un simple truco para identificarlos. La diferencia principal entre la metáfora y el símil o comporación radica en la presencia o ausencia de un nexo comparativo explícito (como, cual, que, se asemeja o semejante a, igual que, entre otros ).

El símil establece una relación de semejanza de forma directa y evidente “María era clara como el agua”. En tanto, la metáfora va un paso más allá e identifica un término con otro, asumiendo que son lo mismo. Es decir, no compara, sino que identifica. “María era agua clara”.

Cuadro comparativo con ejemplos

Para terminar

Escribir, de alguna forma, es encender los ojos de quien nos lee. Es por eso que la metáfora cumple un rol tan vital, ya que, según el tipo que elijamos, determinaremos la distancia que pondremos entre el mundo real y nuestro propio universo.

Si querés profundizar en tus textos y mejorar, cambiar o pulir tu voz propia, te invito a conocer las Mentorías Literarias de Apalabrarte donde trabajamos de forma individualizada y de manera virtual sobre el proceso creativo.

¿Qué tipo de metáfora sentís que le falta a tus textos para dar el salto? Dejame tu comentario abajo o compartí un ejemplo propio para que lo analicemos juntos en la comunidad.


Publicación original: marzo 2026
(Última actualización: agosto 26

Por Leandro Murciego

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