Para muchos de los principales autores de la literatura, la metodología de trabajo y la sistematización del proceso de escritura se presentan como una de las principales herramientas que tienen los escritores a la hora de entregarse de lleno a una obra.

Ernest Hemingway, Gabriel García Márquez, Stephen King e Isabel Allende, a quienes mencionamos en un artículo anterior, tenían cada uno de ellos un sistema propio a la hora de trabajar en sus textos. Aquí en esta nota ofreceré algunas de las características de la metodología de trabajo de estos extraordinarios artistas.

Ernest Hemingway: La teoría del iceberg y la reescritura diaria

Hemingway según se sabe era un artista cultor de la profundidad, por sobre la superficie. Este autor fue conocido por su teoría del iceberg, donde lo que no se dice (el significado profundo) es más importante que lo que se ve en la superficie. El sistema de escritura de Ernest estaba basado en la utilización de las frases cortas, directas y evitaba adornos.

A la hora de trabajar tenía una particularidad: lo hacía de pié y durante las primeras horas de la mañana. Su técnica más famosa era la de reescribir cada día lo que había escrito el día anterior antes de avanzar con nuevo texto, asegurándose una base sólida. Además, recomendaba dejar de escribir cuando aún estabas inspirado y sabías qué iba a pasar después, para retomar el trabajo con facilidad al día siguiente.

Ficha Técnica: Ernest Hemingway

  • Horario principal: De 6:00 AM al mediodía (primeras luces del día).
  • Periodicidad: Diario, sin excepciones.
  • Lugar de trabajo: Habitación de hotel o su estudio en Finca Vigía (Cuba).
  • Postura corporal: De pie (máquina de escribir Royal sobre una estantería alta).
  • Ambiente / Sonido: Silencio absoluto y aire fresco de la mañana.
  • Volumen de producción: Entre 400 y 700 palabras por jornada.
  • Planificación de trama: No planificaba; avanzaba de forma intuitiva día a día.
  • Criterio para frenar: Cuando sabía exactamente qué iba a pasar en la frase siguiente.

Gabriel García Márquez: La arquitectura mental y la hipnosis

El máximo exponente del realismo mágico, sostenía que para él, la ficción era “un acto hipnótico” creado para atrapar al lector por completo. Su proceso se basaba fuertemente en la gestación mental. Pasaba meses (o años) dándole vueltas a una imagen central hasta tener la novela completa resuelta en su cabeza; al sentarse a escribir, casi actuaba como un copista de su propia mente.

García Márquez trabajaba con una disciplina férrea en horarios fijos, y solía contrastar sus ideas con un grupo de amigos cercanos antes de escribir, para luego descartar o modificar capítulos si era necesario.

Ficha Técnica: Gabriel García Márquez

  • Horario principal: De 9:00 AM a 3:00 PM de forma matemática.
  • Periodicidad: De lunes a sábado.
  • Lugar de trabajo: “La cueva de la mafia” (su estudio cerrado bajo llave en México).
  • Postura corporal: Sentado frente a su máquina eléctrica (luego computadora).
  • Ambiente / Sonido: Habitación muy calefaccionada, luz artificial constante y una flor amarilla en el escritorio.
  • Volumen de producción: Ritmo lento; avanzaba bloque de página perfecto por página perfecta.
  • Planificación de trama: Total; resolvía mentalmente toda la estructura antes de escribir la primera línea (según sostienen algunos especialistas).
  • Criterio para frenar: Al cumplirse el límite estricto de las 3:00 PM.

Stephen King: El desenterramiento y la rutina de hierro

El especialista del terror y del suspenso afirma que la rutina férrea es la madre de todas las carreras literarias. King, que cuenta con una narrativa fluida, muy cercana, directa y accesible, lo que le permite conectar inmediatamente con “lectores constantes” a pesar de tratar temas oscuros, entiende que la escritura es un trabajo que demanda paciencia y minuciosidad. El autor concibe la escritura como la acción de desenterrar fósiles. Él afirma que la historia ya está ahí y que el autor solo debe sacarla a la luz mediante preguntas del tipo “¿Qué pasaría si…?”.

La metodología de trabajo para King es un ritual, casi una costumbre religiosa. Trabaja religiosamente todos los días de su vida. Su rutina actual implica sentarse en su oficina y escribir alrededor de 1.000 palabras (unas cuatro horas). Su meta en sus años más productivos era finalizar el primer borrador de un libro en unos tres meses, manteniendo un ritmo diario estricto



Ficha técnica del método Stephen King

  • Horario principal: De 8:00 AM hasta el mediodía (aproximadamente 4 horas).
  • Periodicidad: Los 365 días del año (incluyendo feriados y cumpleaños).
  • Lugar de trabajo: Su oficina privada en su casa de Maine (escritorio contra la esquina).
  • Postura corporal: Sentado.
  • Ambiente / Sonido: Música Rock y Heavy Metal (Metallica, AC/DC) sonando a todo volumen.
  • Volumen de producción: Una cuota fija e innegociable de 1.000 palabras diarias.
  • Planificación de trama: No planificaba; improvisaba bajo la premisa de “desenterrar una historia ya existente”.
  • Criterio para frenar: Únicamente al alcanzar la meta de las 1.000 palabras del día.

Isabel Allende: El ritual del 8 de enero y la intuición

La autora chilena, que es hija del postboom latinoamericano, tiene una prosa de fácil lectura que combina elementos realistas, históricos y mágicos. Sus historias suelen nacer de una profunda investigación, cartas o reflexiones personales. La hija del expresidente chileno tiene, según algunos especialistas literarios, un ritual cuasisagrado: comenzar cada nuevo libro un 8 de enero.

A diferencia de Márquez, ella no suele tener un plan inicial ni una trama estructurada. Toma notas constantes en libretas, crea los personajes y el entorno, y luego se sienta a escribir a oscuras, dejándose llevar por la intuición y permitiendo que la historia tome su propio rumbo.

Ficha técnica del método Isabel Allende

  • Horario principal: De 9:00 AM a 5:00 o 6:00 PM (jornadas de tiempo completo).
  • Periodicidad: De lunes a sábado; arranca de forma sagrada cada nuevo libro los días 8 de enero.
  • Lugar de trabajo: Su estudio privado en su casa de California.
  • Postura corporal: Sentada frente a la computadora.
  • Ambiente / Sonido: Silencio, orden, velas encendidas, incienso y fotos de seres queridos.
  • Volumen de producción: Alto volumen de escritura libre y caótica que luego edita ferozmente.
  • Planificación de trama: No planificaba; se dejaba guiar de forma orgánica por la intuición de los personajes.
  • Criterio para frenar: Cuando la historia decantaba por cansancio o finalización natural de la jornada.

¿Empezás a pensar en tu proceso?

Tómate el tiempo para descubrir cuáles son tus preferencias, si todavía no lo has hecho, es un buen primer paso para comenzar a pensar cómo te sientes más cómodo a la hora de escribir.

Pregunta 1: ¿Cómo preferís que sea tu espacio ideal para concentrarte?

A) Al aire libre, fresco, temprano en la mañana y sin importar si tengo que estar parado o moviéndome.
B) Un búnker cerrado, calentito, con luz artificial controlada y un objeto que me dé suerte en el escritorio.
C) En una esquina de mi habitación, aislado del mundo exterior y con música pesada o ruido de fondo a todo volumen.
D) Un lugar ordenado, silencioso, con velas, incienso, recuerdos personales y un ambiente conectado con lo espiritual.





Pregunta 2: Cuando arrancás un nuevo proyecto o tarea, ¿cómo avanzás?

A) Escribo un poco, al día siguiente reviso minuciosamente lo anterior para agarrar impulso y sigo sin saber muy bien el final.
B) No hago nada hasta tener la estructura 100% armada en mi cabeza; necesito saber el principio, el medio y el final antes de empezar.
C) Me pongo una meta diaria fija (ej. dos páginas) y no me levanto de la silla hasta cumplirla, aunque sienta que lo que hago es horrible.
D) Arranco en una fecha especial o momento exacto, tiro ideas al azar de forma caótica y después limpio el desorden para rescatar lo mejor.




Pregunta 3: ¿Cuál es tu filosofía frente a la inspiración y los límites?

A) La inspiración se cuida: prefiero parar cuando todavía tengo energía y sé exactamente cuál es el próximo paso.
B) El trabajo es estricto y tiene un horario fijo; cuando se cumple el tiempo, el cerebro se apaga y vuelvo a mi vida social.
C) No creo en la inspiración, creo en la constancia. Hay que trabajar los 365 días del año, incluso en mi cumpleaños o feriados.
D) Me dejo llevar por la intuición y el subconsciente; si me bloqueo, acepto que fallar y descartar material es parte del proceso.

Por Leandro Murciego

Si te interesa saber más sobre el acto poético u otros temas vinculados con el proceso de escritura, dejame un mensaje. Me dedico a trabajar procesos creativos de novelistas, cuentistas, poetas, ensayistas, etc, crear o reformular metodologías de trabajo, y hábitos de escritura, entre otras cosas. Escribrime aquí, te espero.


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