Escribir en la era digital tiene truco: no se trata de que una máquina redacte por vos, sino de encontrar al copiloto perfecto, si es que existe la perfección o si este trabajo se lo podemos dar a un software. En ese ecosistema, hablo del literario, existen varias propuestas que la gente está eligiendo a modo de herramientas. Algunos sugieren que, si estás buscando optimizar tu tiempo, vencer la página en blanco o pulir tu estilo de escritura o ver qué beneficios pueden las “famosas” IA ofrecerte, este análisis a fondo te va a servir.
Me llamo Leandro Murciego, soy escritor, periodista y coach literario. Hace más de un lustro creé Apalabrarte, una clínica virtual para escritores y amantes de las letras. En los últimos seis años acompañé a cerca de 70 autores a trabajar en sus procesos creativos, en sus obras, en la construcción o en el cambio de voz literaria, en la construcción de una mirada crítica, de una rutina de trabajo o de una metodología de edición, entre otras cosas. En los últimos tiempos, muchos autores comenzaron a consultarme sobre el uso de la inteligencia artificial y esto hizo que me metiera en este mundo a descubrirlo, investigarlo y hasta comenzar a jugar un poco en él.

Lo primero que hice con todas las inteligencias artificiales fue preguntarles si podía confiar en ellas y todas coincidieron al afirmar: “No”. Lo cierto es que ellas se reconocen imperfectas y en proceso continuo de crecimiento (ojo, igual que cualquiera de nosotros).
Mi aproximación a ellas fue de manera lúdica y con un claro objetivo: estudiarlas, sabiendo que ninguna inteligencia natural o artificial es completa y, en este caso, carece de algo que por ahora nos distingue a los humanos -o algunos de ellos-: la empatía, la sensibilidad, la síntesis y la resignificación del pensamiento (metáfora), la interpretación del contexto, la sorpresa, el asombro, la creatividad, entre varias otras cosas…

Dicho esto, los invito a jugar con estos chiches modernos y convertirlos en asistentes de nuestros juegos. Soy de la idea de que ellas jamás nos reemplazarán. Tal vez me equivoque…
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Debería haber comenzado esta serie de artículos sobre la inteligencia artificial con la IA más utilizada por estos días, esas que se denominan “asistentes”. No tan tarde, pero seguro, encaro este artículo, con la idea de que no sea un tratado, sino más bien una invitación para iniciar un proceso de pensamiento.
Según la propia inteligencia artificial —a la cual, también según ella, no hay que creerle mucho—, un asistente de IA te ayuda a escribir literatura sirviendo como caja de resonancia creativa, organizador de tramas y corrector de estilo, sin reemplazar tu voz personal. Debo decir que el hecho de pensarla como caja de resonancia creativa ya me resulta demasiado, pero si ella quiere venderse de esa forma, algo también nos está diciendo. Yo le propongo otro lugar, un lugar de experimentación, un lugar para salir a jugar y para proyectar, probar, comprobar o algo de eso diferentes proyectos.
Un asistente de inteligencia artificial es un programa de software —recordemos siempre esto, por favor— que utiliza el lenguaje natural para comprender y responder solicitudes humanas por voz o texto, como Siri o ChatGPT. Estas herramientas “ayudan” —prefiero decir guían o inducen (elijan ustedes cuál de las dos prefieren)— a las personas a buscar datos, redactar textos o realizar tareas digitales de forma rápida (aunque, en ocasiones, tampoco tanto).
Existen varios tipos de software que cumplen las funciones de asistentes de inteligencia artificial, pero para clarificar, podríamos afirmar que a grandes rasgos se dividen en tres grandes grupos: asistentes personales, asistentes de productividad y chatbots avanzados (lo de avanzados, en mi opinión, siempre depende de con qué se compare).
Tipos principales
- Asistentes personales: Controlan dispositivos, ponen alarmas y responden preguntas cotidianas (ej. Alexa, Google Assistant).
- Asistentes de productividad: Redactan correos, resumen documentos y organizan información de trabajo (ej. Microsoft Copilot).
- Chatbots avanzados: Estos programas mantienen charlas fluidas, resuelven dudas complejas sobre diversos temas y, en ocasiones -a mi entender-, pueden llegar a confundir.
Aprovecho este párrafo aparte para recordar que este tipo de software suele decirnos aquello que queremos leer o escuchar y que, según la propia IA, no resultan del todo confiables. No es de extrañar que ante cada idea propuesta por el usuario o usuaria, el “software” arranque diciendo: “Qué interesante”, “Qué buena idea”, “el proyecto tiene mucho potencial”, etc., etc. y más etcéteras.
Aquí enfocaré este breve artículo en cómo puede “ayudarnos” a escribir, si es que puede hacerlo, o cómo puede colaborar con nuestro proceso de escritura…

Formas en que la IA te ayuda a estructurar la escritura
- Lluvia de ideas (brainstorming): Esta dinámica suele realizarse en grupos grandes, la participación de varios integrantes suele aportarle un mayor dinamismo. Yo, a los escritores que trabajan conmigo, suelo enseñarles a hacer una tormenta de ideas, algo más importante que una lluvia, también de manera individual y sin tener la necesidad de pasar por la IA. Pero volveré al punto en cuestión. La IA puede ayudarte a proponer nombres y características de personajes, la relación entre ellos (tanto emocional como psicológica; también puede crear fichas de personajes con sus motivaciones, defectos y arquetipos), idear escenarios, contemplar diferentes puntos de vista narrativos o giros inesperados para la trama, etc.
- Estructura y planificación de la obra: La IA permite organizar el esqueleto o columna vertebral de los capítulos, ordenar los tiempos narrativos y asegurar la coherencia del hilo de la trama. Por lo general, sus ayudas están dadas en las propuestas promedios; es muy común que suela ofrecer organizar tu obra en capítulos siguiendo modelos clásicos como el Viaje del Héroe o la estructura en tres actos.
- Superación del bloqueo: La página en blanco, en ocasiones, suele ser uno de los principales temores de los escritores. En mi opinión, los bloqueos no existen y, las pausas de escritura son momentos muy importantes para analizar el estado del proceso de escritura, tanto individual como de la obra. Estos tiempos son mesetas donde el artista y la obra toman aire para continuar el recorrido. El secreto está en cómo aprovecharlas. Pero retomemos el tema de la IA y sus “beneficios”. Esta puede funcionar como un estímulo para redactar un primer borrador rápido o proponer opciones cuando no sabes cómo continuar una escena. Otras propuestas son leer a otras autoras o autores, hablar con colegas, reunirse con un grupo de trabajo, tan solo para mencionar algunas ideas.
- Revisión y edición: Detecta inconsistencias argumentales, errores de concordancia o repeticiones excesivas de palabras, búsqueda de sinónimos y de vocabulario (sugiere palabras alternativas), propone variaciones de tonos (puede llegar a reescribir —aunque no lo invito a hacer— un fragmento para que suene más formal, más poético, más oscuro o más humorístico según la escena) y hasta logra mejorar los diálogos, haciendo de ellos conversaciones más verosímiles entre personajes.

La indagación, un requisito más en el ámbito literario
Toda obra artística requiere de una etapa o varias de investigación y esta función puede ser realizada por este tipo de programas… En mi experiencia periodística (27 años trabajando como miembro del staff de redacción del diario La Nación), y teniendo conocimiento de que la subjetividad o la “tendencia” está en el recorte que se realice, no le entregaría esa función a la IA sin mediación o supervisión mía. Ya que de hacerlo estaría quedando bajo el sesgo de quienes crean este tipo de software. Pero cada maestro con su librito… Y aquí ofrezco dos posibles tareas para asignarle, bajo nuestra tutela, a la IA.
- Búsqueda de datos históricos: La IA se presenta a sí misma como ideal para investigar contextos de épocas pasadas, vestimentas o tecnologías antiguas sin necesidad de navegar horas en internet.
- Explicación de conceptos: Traduce temas complejos (médicos, científicos o legales) a un lenguaje simple para que tus personajes hablen con propiedad.

¿De qué manera debes utilizarla?
Yo suelo mencionar una frase que me la regaló un escritor famoso, por su creatividad, y del tiempo en el que las inteligencias eran sólo naturales: “Recuerda que el autor o la autora sos vos; ella es una ayudante. Cuando los papeles se invierten, la empresa deja de ser nuestra”.
- Como colaborador, no como autor: La máquina procesa patrones estadísticos del lenguaje, pero carece de vivencias, emociones e intención estética propia.
- Fase iterativa: Lo ideal es escribir tus propias líneas y pedirle al asistente que actúe como un crítico constructivo o un lector beta que te haga preguntas para profundizar el texto.
En muchas ocasiones, la propia IA se presenta —no con modestia— como un “editor de apoyo”; ¿será verdad..?
Por Leandro Murciego

Si te interesa saber más sobre el acto poético u otros temas vinculados con el proceso de escritura, dejame un mensaje. Me dedico a trabajar procesos creativos de novelistas, cuentistas, poetas, ensayistas, etc, crear o reformular metodologías de trabajo, y hábitos de escritura, entre otras cosas. Escribrime aquí, te espero.
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